Dejando que el tiempo bese las heridas…

Deslizaba las manos sobre el piano,
pero ya no estaba tu mirada atenta sobre mí.
Sonaban los primeros acordes de la canción,
pero ya no estabas para escucharlos.
Podía sentir la forma en que mis dedos
se deslizaban por el teclado, lentamente,
sintiendo tu ausencia.
Tangible, consistente, lejana…

     A veces siento tu ausencia como una punzada en el corazón y pienso que no puedo resistir más sin sentir tu calor en mi regazo. A veces, me advierto imaginando la loca idea de encontrarnos haciendo la compra, para después pedir lo contrario. Porque no estoy preparada para mirarnos, por primera vez, como desconocidos que se conocen muy bien. No estoy lista para no sentirte mío. Para no sentirme tuya. No estoy lista para sentir de nuevo que, por más tiempo que pase, un ejército de mariposas sale a tu encuentro deslizándose en mi interior pidiendo que las deje volar una vez más contigo. La definitiva (esta vez sí). Porque muchas veces he dicho que sería la última, pero no se me agota la esperanza de volver a intentarlo. Sin embargo, después recuerdo que no soy suficiente para ti. Por eso tampoco estoy preparada para verte, porque me supera el dolor de haber querido a una persona que estaba muy lejos de quererme. Y entonces pido no encontrarnos. Dejar que el tiempo bese mis heridas.

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